Archivos Mensuales: febrero 2011

Ignacio Castro Rey, Formas de la indefinición; Casa das Campás, Pontevedra.

La semana pasada hemos ido a la conferencia que el filósofo Ignacio Castro Rey daba en la Casa das Campás de Pontevedra, dentro de las sesiones abiertas del Máster de Creación e Investigación en Arte Contemporáneo de la Facultad de Bellas Artes al que también acudieron los alumnos del Máster de Educación.
Al igual que en su día, el también filósofo G. Deleuze propusiera abandonar la filosofía a través de la filosofía, Ignacio, en su afectuosa y envalentonadamente trágica charla nos enseñó cómo la nitidez abandona la nitidez a través de la nitidez, en la imagen, en la música y en el arte; cómo otro tempo de exposición a las imágenes es necesario también además del de sobreexposición, al que estamos tan acostumbrados, para poder soportar cierta hipersensibilidad mortal de lo real; porque, advertía este miércoles en Pontevedra, Ignacio Castro, la vida es mortalmente peligrosa, de necesidad y sólo enfrentándonos a ella, a través de esos instantes detenidos, trágicos, en los que parece no suceder nada y entonces ocurre todo podremos sentir la verdadera alegría de vivir.

Formas de la indefinición
Ignacio Castro Rey. Madrid, 20 de febrero de 2011

¿Se puede representar el tiempo mismo, su flexibilidad? En otras palabras, ¿qué ocurre cuando no pasa nada, cuando no hay nada espectacular que contar? Se intentará mostrar que el “espectro real” en el eje de cierta narratividad artística contemporánea. Una creación que, en la pintura y el cine, en la instalación y la fotografía, se libera del habitual maniqueísmo del impacto. En este trabajo artístico liberado de la cronología convencional, la imagen acumula el tiempo en un instante de extraña representación que no representa nada.

Tales obras destruyen la nitidez a través de la nitidez. Le dan cabida a otro tiempo -aparentemente insignificante- que detiene el tiempo, saturando la percepción. ¿Se puede colmar la fluidez, que parece ser el ideal contemporáneo, coagulando la fluidez? ¿Se pueden unir rapidez y lentitud? De ser así, habría una complicidad profunda e “intercultural” entre cierto arte del Norte y del Sur, del Este y del Oeste. Hablamos de una lentitud fulminante que invade directamente el sistema nervioso, ahorrándonos el tedio de una historia que contar. Tal arte parece generarse en los márgenes del sistema de aplazamiento que llamamos “cultura”, provocando una especie de infinito en acto. En sus obras, el contexto social y la tecnología representan solamente el conjunto de condiciones, prácticamente negativas, necesarias para que ocurra algo de inesperado que escapa a la historia. Es como si asistiéramos al hechizo de una alta indefinición a través de la alta tecnología de los nuevos medios

y vimos pasar a Carlos Oroza con un paraguas

Ayer hemos aprendido:

Que podrías formular una pregunta a una neurona y esta no sabría a qué cerebro pertenece, es decir, que tus neuronas no saben quién eres y además no les importa; y nos sentimos algo más cómodos, como colectivo impersonal.

Que el ex director de Galerías Preciados inventó el día de San Valentín con la filosofía de: “el beneficio viene más tarde, lo primero es el bienestar” y nos asustamos cuando en el Telediario 2ª edición de la TVE en una reposición del NODO un señor con una novia a la que atrapaba con el brazo responde a la pregunta ¿Se hacen ustedes regalos, en San Valentín?, lo siguiente: unos regalitos, es ley. Finalmente, el ex consejero del ex director de Galerías Preciados recordaba que, ya se sabe: hay que consumir para poder producir porque si no se consume no se produce y entonces qué podríamos hacer.

Que los cuerpos-protesta cansados y evacuados en las recientes movilizaciones de ese otro continente al sur han abierto otro nicho, el de un nuevo mercado, liberado; y no hicimos nada, nos seguimos batiendo, porque “no se dice nada, no se hace nada, pero uno sufre, se desespera y se bate sí, creo en verdad que nos batimos” (Artaud, 1946).

Que esta manera de vivir (comprar y trabajar) ha sido inventada recientemente (hace algo más de trescientos años) por un determinado grupo de poder; y hemos recordado aquello de que: “tranquiliza pensar que el hombre es sólo una invención reciente, una figura que no tiene ni dos siglos, un simple pliegue en nuestro saber y que desaparecerá en cuanto este encuentre una forma nueva” (Foucault, Las palabras y las cosas); como el facebook, diría R. en la mesa a la Intemperie en la que compartimos cigarros detrás de las paredes de un Museo cerrado en una ciudad cerrada en la que llovía a conciencia.

Que no todo es cuestión de propiedad, producción, competitividad y rentabilidad; y pudimos poner entre nosotros, algo de claridad que no de cobijo: estamos en el entre del ni…ni y el si…si. Debemos exigir los derechos, cumplir las obligaciones y velar por las (infra)estructuras de las relaciones de producción y trabajo ya establecidas y con las que nos las tenemos que ver en el ámbito de la cultura (ese otro nicho de mercado, restringido) y en este sentido apoyamos las reclamaciones del sector hechas públicas en el MNCARS; y sentimos de forma clara y potente que el arte como acto de creación no tiene absolutamente nada que ver con este modelo, cultural, que nos hemos impuesto. No tiene nada y todo que ver, mejor dicho (o escrito) ya que con N. ayer, hemos recordado recordar la naturaleza metafórica de los conceptos y hemos entendido que este modelo, cultural, que nos hemos impuesto, este concepto, no se puede pensar siquiera sin su no-ser, sin su otro, sin su radical olvido: el arte, porque “lo presente en espacio y tiempo sólo es tal con respecto a lo ausente y lo postpuesto” (Rampérez, La quiebra de la representación); y seguimos leyendo: “lo mismo sólo es lo mismo porque no es lo otro” (Descombes, Lo mismo y lo Otro); y sabemos que no vamos a cambiar ni a sustituir modelos, culturales, pero estamos junto con otros muchos en lo ausente y lo postpuesto que os sigue haciendo lo mismo de siempre, con la misma potencia.

La intemperie se hizo un poco más amable y vimos pasar a Carlos Oroza con un paraguas.

arte y urbanidad. Sala la Normal, A Coruña. Exposición “non sei antes pero agora é isto”

Hemos ido a la inauguración de la sala Normal, el nuevo espacio de intervención cultural del Vicerrectorado de Cultura de la Universidad de Coruña. El edificio, el equipamiento y el discurso con el que abre: la normalidad del cuestionamiento continuo y la necesidad de un espacio de intervención activa y no de simple exhibición; impecable.
Se presenta además como espacio para nuevos lenguajes, estupendo! (falta hacía) y como lugar abierto a las culturas urbanas. Nos damos el primer golpe, en los dedos, con el pie descalzo. Acertadamente, el texto de presentación de la Normal se confiesa preocupado por la falta de acercamiento de la gente joven a la cultura que no sea comercial (¿implica esto que la cultura urbana no es comercial?) y la falta de capacidad de la sociedad gallega para comprender a la gente joven y sus nuevos lenguajes. Normal, pensamos.

La primera intervención dispuesta a salvar todos estos problemas de falta de comprensión y apertura a nuevos lenguajes es una exposición. Nuevos lenguajes, viejas sintaxis.
Básicamente esos “nuevos lenguajes” los focaliza, la apuesta de la Normal, en las culturas y el arte urbano. Nos paramos un segundo antes de entrar en la exposición.

¿Culturas urbanas?, ¿arte urbano? Es demasiado complejo para atacarlo aquí, el tema, pero a grosso modo y cruzando por la mediana: Cultura es toda aquella construcción humana del medio. ¿es urbano, aquí, el medio? ¿vivimos, aquí, ciudad? ¿si la vivimos, es tanto lo que la vivimos como para que haya múltipes culturas urbanas? El arte urbano es una etiqueta, una convención económica utilizada para definir el arte hecho en la calle y de forma ilegal. ¿Es urbano el arte callejero ilegal? Dentro de una sala, sí (urbano: adj. Cortés, atento y de buen modo).

Nos asalta otra pregunta, justo a la puerta de la Normal, debajo del rótulo

¿Será esta sala Normal una sala al uso (con más estilo que otras, pero al uso) con una etiqueta exitosa y un “nuevo lenguaje” que dificulta aún más el entendimiento de las propuestas artísticas contemporáneas, es decir, simplemente las propuestas artísticas de hoy en día? ¿Podremos quizás, aquí, en la antigua escuela Normal, aprender a leer esa contemporaneidad?

Entramos en la exposición y damos una vuelta:
Escultura en metal (Victor Hugo Costas), Fotografía (Luis Diaz), Vídeo y Escultura cinética (Alberto Gracia) Instalación, dibujo y video (Colectivo Tronquis), Escultura (Nano 4814), Escultura (Pilas), Instalación y Vídeo (Sekone) Pintura y Escultura (Tayone).
Terminamos la vuelta y vamos a tomar una una cerveza a la barra.
Sentimos con claridad y potencia lo que desde hace un rato presentíamos: estos artistas que, en una sala normal de exposiciones muestran su código para construir(se) mundo a través de la forma, el color y el significado, conscientes de las concesiones, rupturas, invenciones, gustos y disgustos que imponen al lenguaje que utilizan y que trabajan hoy aquí, no son más que un grupo de artistas contemporáneos de estilo radicalmente barroco y por cierto, especialmente urbanos, en el trato.
Como de costumbre hemos despegado la etiqueta de la botella de cerveza y nos entretenemos arrugándola por el centro, entre los dedos.

Salimos de la Normal y ya en la calle, en la Plaza de Portugal, nos atropella la última pregunta:
¿Tendrá licencia este arte(facto) urbano?

nos(otras) cagamos; una exposición de Anna María Maiolino en el CGAC

Ayer viernes día 4 de febrero fuimos a la inauguración de la “primera retrospectiva en España” (después de la primera exposición en el ámbito europeo de la misma artista en la Fundación Tapies) de Anna María Maiolino.
En este vídeo grabado en “la Tapies” se puede dar un paseo por la exposición y apreciar las “diferencias” de contextualización de las obras de la artista en los dos centros (si se tiene la oportunidad de poder acercarse al CGAC ya que no están disponibles fotos ni material audiovisual en su página web). En ambas, a modo de intervención “específica”, se ha realizado una obra colaborativa con 6.000 kg de barro sin cocer “que terminará conviertiéndose en polvo”.
El trabajo de Anna María Maiolino nos ha gustado; si eso tiene algo de importancia. Una línea clara de apuesta e insistencia que llena táctil, visual, física y conceptualmente las salas de la planta baja del CGAC en un buen montaje.
Como es habitual hemos tenido que buscar la información sobre la artista y la exposicion fuera del CGAC; el tarjetón de invitación no nos resultó muy útil y el “folleto” que suele editar el centro no está disponible, en la página web del Centro.
En el pequeño texto de presentación de la exposición así como en la mayoría de las notas de prensa se hace referencia a que el tabajo de la artista “parte de las dicotomías del dentro/fuera, positivo/negativo entre las que se establece un movimiento de transición” la materialización de este predicado conceptual en la obra de Anna María aterriza en el tránsito intestinal y otros procesos biológicos, corporales y estéticos como la ovulación femenina o la apertura de agujeros varios: físicos, psicológicos, de papel o de madera.

Al primer caso hace referencia la multitud de anos de barro que se adhieren a las paredes en la pieza “Continuous”, del vestíbulo del CGAC

así como todas esas pequeñas piezas en forma de excrementos y tractos intestinales

o la pieza más explícita “Glu, Glu, Glu” (1967).

Al segundo, de otros procesos biológicos o estéticos como la ovulación femenina atiende la obra “Entrevidas” de 1981 una performance en la que en su día Anna María caminaba entre huevos, en la calle, de la que se expone una versión en la que el que asiste a la exposición debe caminar entre huevos esparcidos por el suelo si quiere llegar al centro de la sala en la que hay un huevo abierto sobre un plato en una peana. Una reflexión-experiencia sobre cuestiones políticas que en el Brasil en el que en aquel momento ella trabajaba, igual que en otros muchos lugares, afectaban y afectan hoy al cuerpo y al sujeto, mujer: las políticas de reproducción.

Leyendo a través de la historia itinerante de la exposición nos damos cuenta de que Anna María Maiolino fue una de las artistas del movimiento “Antropofágico” del Brasil de los años sesenta; Este movimiento reivindicaba la antigua costumbre indígena de comerse el cuerpo del enemigo (si este era lo suficientemente fuerte y respetable) para absorver su fuerza y dignidad a través de complejos ritos tribales de iniciación mucho más interesantes que la pacata visión que tenemos del canibalismo como práctica salvaje. Esta “otra” manera de relación con el “otro” que suponía la antropofagia fue recuperada por este grupo de artistas como forma estética y concpetual de enfrentarse al colonialismo, a la idea del “otro” europeo y a la idea que el europeo tenía de su producción cultural como “otra”. Hubiera sido una buena oportunidad para relacionar esta exposición tan poco específica del CGAC como tantas otras que vendrán con la linea de reflexión abierta por otra de las exposiciones que ha importado de la Tate de Liverpool en este caso, la dedicada el año pasado al “Atlántico Negro”.

El caso, que además de que nos haya gustado la exposición y sin pretender hacer aquí una presentación del trabajo de Anna María que no se pueda consultar en las fuentes (mucho más rigurosas que nosotros mismos) que hemos referenciado en esta entrada del blog queríamos evidenciar que a lo que asistimos en esta propuesta es a un proceso digestivo en el que hay mucha saliva, que abre ante y en nosotros y vosotros los múltiples agujeros que tenemos en el cuerpo para dar entrada y salida a otras personas, objetos, seres vivos que nos alimentan, excrementos, flujos, formas, violencias e ideas.
Que esos agujeros, flujos, alimentos y estos cuerpos, como el de Anna María Maiolino, huelen, y duelen, más allá de la pulcritud del lenguaje del Museo, de sus fantásticos eufemismos y de la crueldad que imponen las relaciones sociales y públicas que en días como la inauguración acoge, el Museo, a nosotros, subjetividades femeninas (a ratos) y a algunos otros, subjetividades cesadas (en otros tiempos). Con Anna María Maiolino: nos(otras) cagamos:

“Yo soy el bolo fecal resultante del banquete antropofágico
brasileño: nos hacemos tupíes mi obra y yo.
«Lo que atropellaba la verdad era la ropa, el imper-
meable entre el mundo interior y el mundo exterior»,1
en el banquete me la quitaron, me quedé desnuda.”
Banquete antropofágico. Proyecto de conferencia. (Anna María Maiolino)

(1). Oswald de Andrade, Manifiesto antropófago, 1928.