arte y urbanidad. Sala la Normal, A Coruña. Exposición “non sei antes pero agora é isto”

Hemos ido a la inauguración de la sala Normal, el nuevo espacio de intervención cultural del Vicerrectorado de Cultura de la Universidad de Coruña. El edificio, el equipamiento y el discurso con el que abre: la normalidad del cuestionamiento continuo y la necesidad de un espacio de intervención activa y no de simple exhibición; impecable.
Se presenta además como espacio para nuevos lenguajes, estupendo! (falta hacía) y como lugar abierto a las culturas urbanas. Nos damos el primer golpe, en los dedos, con el pie descalzo. Acertadamente, el texto de presentación de la Normal se confiesa preocupado por la falta de acercamiento de la gente joven a la cultura que no sea comercial (¿implica esto que la cultura urbana no es comercial?) y la falta de capacidad de la sociedad gallega para comprender a la gente joven y sus nuevos lenguajes. Normal, pensamos.

La primera intervención dispuesta a salvar todos estos problemas de falta de comprensión y apertura a nuevos lenguajes es una exposición. Nuevos lenguajes, viejas sintaxis.
Básicamente esos “nuevos lenguajes” los focaliza, la apuesta de la Normal, en las culturas y el arte urbano. Nos paramos un segundo antes de entrar en la exposición.

¿Culturas urbanas?, ¿arte urbano? Es demasiado complejo para atacarlo aquí, el tema, pero a grosso modo y cruzando por la mediana: Cultura es toda aquella construcción humana del medio. ¿es urbano, aquí, el medio? ¿vivimos, aquí, ciudad? ¿si la vivimos, es tanto lo que la vivimos como para que haya múltipes culturas urbanas? El arte urbano es una etiqueta, una convención económica utilizada para definir el arte hecho en la calle y de forma ilegal. ¿Es urbano el arte callejero ilegal? Dentro de una sala, sí (urbano: adj. Cortés, atento y de buen modo).

Nos asalta otra pregunta, justo a la puerta de la Normal, debajo del rótulo

¿Será esta sala Normal una sala al uso (con más estilo que otras, pero al uso) con una etiqueta exitosa y un “nuevo lenguaje” que dificulta aún más el entendimiento de las propuestas artísticas contemporáneas, es decir, simplemente las propuestas artísticas de hoy en día? ¿Podremos quizás, aquí, en la antigua escuela Normal, aprender a leer esa contemporaneidad?

Entramos en la exposición y damos una vuelta:
Escultura en metal (Victor Hugo Costas), Fotografía (Luis Diaz), Vídeo y Escultura cinética (Alberto Gracia) Instalación, dibujo y video (Colectivo Tronquis), Escultura (Nano 4814), Escultura (Pilas), Instalación y Vídeo (Sekone) Pintura y Escultura (Tayone).
Terminamos la vuelta y vamos a tomar una una cerveza a la barra.
Sentimos con claridad y potencia lo que desde hace un rato presentíamos: estos artistas que, en una sala normal de exposiciones muestran su código para construir(se) mundo a través de la forma, el color y el significado, conscientes de las concesiones, rupturas, invenciones, gustos y disgustos que imponen al lenguaje que utilizan y que trabajan hoy aquí, no son más que un grupo de artistas contemporáneos de estilo radicalmente barroco y por cierto, especialmente urbanos, en el trato.
Como de costumbre hemos despegado la etiqueta de la botella de cerveza y nos entretenemos arrugándola por el centro, entre los dedos.

Salimos de la Normal y ya en la calle, en la Plaza de Portugal, nos atropella la última pregunta:
¿Tendrá licencia este arte(facto) urbano?

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