Ignacio Castro Rey, Formas de la indefinición; Casa das Campás, Pontevedra.

La semana pasada hemos ido a la conferencia que el filósofo Ignacio Castro Rey daba en la Casa das Campás de Pontevedra, dentro de las sesiones abiertas del Máster de Creación e Investigación en Arte Contemporáneo de la Facultad de Bellas Artes al que también acudieron los alumnos del Máster de Educación.
Al igual que en su día, el también filósofo G. Deleuze propusiera abandonar la filosofía a través de la filosofía, Ignacio, en su afectuosa y envalentonadamente trágica charla nos enseñó cómo la nitidez abandona la nitidez a través de la nitidez, en la imagen, en la música y en el arte; cómo otro tempo de exposición a las imágenes es necesario también además del de sobreexposición, al que estamos tan acostumbrados, para poder soportar cierta hipersensibilidad mortal de lo real; porque, advertía este miércoles en Pontevedra, Ignacio Castro, la vida es mortalmente peligrosa, de necesidad y sólo enfrentándonos a ella, a través de esos instantes detenidos, trágicos, en los que parece no suceder nada y entonces ocurre todo podremos sentir la verdadera alegría de vivir.

Formas de la indefinición
Ignacio Castro Rey. Madrid, 20 de febrero de 2011

¿Se puede representar el tiempo mismo, su flexibilidad? En otras palabras, ¿qué ocurre cuando no pasa nada, cuando no hay nada espectacular que contar? Se intentará mostrar que el “espectro real” en el eje de cierta narratividad artística contemporánea. Una creación que, en la pintura y el cine, en la instalación y la fotografía, se libera del habitual maniqueísmo del impacto. En este trabajo artístico liberado de la cronología convencional, la imagen acumula el tiempo en un instante de extraña representación que no representa nada.

Tales obras destruyen la nitidez a través de la nitidez. Le dan cabida a otro tiempo -aparentemente insignificante- que detiene el tiempo, saturando la percepción. ¿Se puede colmar la fluidez, que parece ser el ideal contemporáneo, coagulando la fluidez? ¿Se pueden unir rapidez y lentitud? De ser así, habría una complicidad profunda e “intercultural” entre cierto arte del Norte y del Sur, del Este y del Oeste. Hablamos de una lentitud fulminante que invade directamente el sistema nervioso, ahorrándonos el tedio de una historia que contar. Tal arte parece generarse en los márgenes del sistema de aplazamiento que llamamos “cultura”, provocando una especie de infinito en acto. En sus obras, el contexto social y la tecnología representan solamente el conjunto de condiciones, prácticamente negativas, necesarias para que ocurra algo de inesperado que escapa a la historia. Es como si asistiéramos al hechizo de una alta indefinición a través de la alta tecnología de los nuevos medios

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