Archivos Mensuales: marzo 2011

En estado crítico / Sobre políticas y economías del Arte en el eje noroeste. LIBA en Baleiro.

La semana pasada hemos asistido a la presentación de la publicación En estado crítico. Una iniciativa editorial del colectivo LIBA (Laboratorio de investigación en Bellas Artes) realizada con el apoyo del departamento de escultura de la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra.
En el local de Baleiro, más personas que sillas (que son 40): alumnos, coordinadores y directores del Máster en Arte, Museología y Críticas contemporáneas de la U.S.C., profesores de la Facultad de Historia del Arte, comisario-críticos locales, amigos, artistas, compañeros y algún miembro de colectivos más o menos impersonales.
Primeros diez minutos para un algo breve debate planteado por María Marco al resto de la mesa. La mesa: Miguel Anxo Rodríguez, Ania González, Renata Otero, Beli Martínez, Martín Caeiro y María Magán.
Cómo mantenerse como trabajadores en el campo de la producción artística y compatibilizar la posible remuneración con la libertad e independencia de los contenidos fue la cuestión a debate.
Primeras aportaciones de Renata Otero en las que declaraba su trabajo artístico como libre aunque en venta. Compartió con nosotros su experiencia personal de haber abandonado los circuítos comerciales y ceñirse a proyectos en los que tiene interés personal. Actividad que puede mantener gracias a fuentes de ingresos paralelas que son las que, en su caso, sostienen su libertad e independencia.
Ania González le pregunta a Renata a qué se refiere cuando comenta que su trabajo es libre. Esta le aclara que libre quiere decir, para ella, que no se pliega a las exigencias externas de otros agentes como galeristas o comisarios, en cuanto a contenidos.
Continúa Beli Martínez quien también comparte con todos nosotros su experiencia personal a la hora de seleccionar proyectos (audiovisuales en su caso) en los que se siente cómoda y a los que cree, puede aportar; trabajar por tanto, gratuitamente para mantener esa independencia y libertad de contenidos y ayudarse de otras fuentes de ingresos es su propuesta.
Creemos recordar, sin traicionar el orden de intervenciones, que toma la palabra en ese momento Ania González. Defiende primero una postura no personal sino voz de una experiencia y un trabajo común con muchos otros grupos, colectivos, y compañeros durante los últimos meses y reivindica hacer una primera distinción: no es lo mismo hablar de los beneficios obtenidos de la venta de un objeto artístico determinado dentro de los circuítos mercantiles habituales que la remuneración básica y en todo caso exigible de los procesos de trabajo en los que los artistas o productores de “cultura” participan, sobre todo, en relación con otros agentes culturales de más poder.
Es ahí cuando Miguel Anxo Rodríguez, tratando de articular el debate lanza la cuestión en torno a la que él considera comienza a girar, la mesa: La independencia o autonomía del artista frente a la necesidad de dignificación del trabajo artístico. Renata Otero recibe la pregunta y apunta que para ella no es lo mismo la dignidad del trabajador que el hecho de que su trabajo sea digno y nos aclara que pese a haber escogido otro tipo de posición en el Arte, envidia y respeta a esos artistas que, por juventud, trabajan en la calle de manera más o menos clandestina o combativa en entornos de espacio público. Ania González rebate tal cuestión explicando que le parece oportuno aclarar que el hecho de dedicarse o no al trabajo artístico en la calle no le parece una cuestión de juventud o de frescura sino de un radical, entre otros, posicionamiento polítco y vital y nos recuerda que, tal y como decía Nietzsche se trata de elegir modos de vivir y hacerse la siguiente pregunta: ¿serán, estos modos de vivir, suficientemente artísticos?. Reivindica por último el trabajo artístico como forma de vida con todas las dificultades que eso implica para ganársela, económicamente, la vida.
Toma la palabra Martín Caeiro y comenta (en torno a algo que de forma general se ha planteado entre todos: la necesidad de articular comunidades y colectividades capaces de negociación frente a otros agentes culturales) que la individualidad de los artistas es algo necesario y pertinente para articular una cierta competencia y mantener ciertos criterios de calidad y excelencia. También apunta un modelo de producción/distribución algo olvidado, en su opinión: la relación directa del artista con el comprador o coleccionista en la que el artista es libre de fijar precio, asumir (o no) obligaciones fiscales, etc…
María Marco interviene y vuelve a hacer hincapié en la necesidad de articular comunidades capaces para la gestión, reivindicación y fortalecimiento de la posición de los productores culturales como trabajadores cuando estos están inmersos en relaciones que, aunque disfrazadas, están dirigidas a obtener un rendimiento sea este económico, social, electoral o de visibilidad. Se da por terminado el debate, sin intervención del público al que se nos ofrece hacer cualquier intervención que consideremos oportuna y pasamos directamente a los vinos.

Vinos varios, amigos, nuevas presentaciones, reencuentros, pinchitos con frutas variadas, salado y dulce en el patio de Baleiro y ocasión para seguir debatiendo y comentando nuevos proyectos y necesidades reales que cubrir con propuestas factibles en un ambiente de entusiasmo primaveral y de ilusión por tener bajo el brazo un ejemplar del nuevo libro.

Entramos de nuevo, en el local y nos secuestra una experiencia estético-sonora que no esperábamos. Celia Adrián al acordeón interpretando una Melodía de Toshio Hokosawa y María Marco al ordenador construyendo en directo los visuales sobre la pieza Patriotism de Mishima.
El sonido nos sostuvo, en un instante abierto a manchas de piel, pelo, sangre, color, olas y fuegos articifiales retráctiles y centrales nucleares humeantes en la imagen, durante 13 minutos.

Emocionados, de nuevo, salimos a la segunda ronda de vinos y pinchos en el patio para acabar la noche bailando, en Baleiro, con el trabajo de Vanesa Iglesias y su musicalcuratorship.

Un gran día!

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aparentemente nada se passa, aquí, en el CGAC

Y para terminar la semana, pasada, el vienes día 25 fuimos a la inauguración de la exposición aparentemente nada se passa (que ya se puede consultar en la Web provisional del CGAC) de Fernando José Pereira, comisariada por Xose Lois Gutiérrez.
Hemos de decir que no conocíamos el trabajo de Fernando José que nos sorprendió y nos gustó mucho (si eso algo importa). Una primera pieza (que se nos pasó inadvertida y que volveremos a ver cuando lleguemos a Santiago de nuevo) es un telescopio colocado en un trípode a la entrada del Centro orientado hacia la pared que baja a la zona de talleres y baños que es donde está ubicada la exposición. Aparentemente nada se passa, pero ahí está.
En esa pared hacia la que mira el telescopio varios dibujos en grafito de gran tamaño que además contienen un complejo trabajo digital previo nos apelan directamente sobre y desde cuestiones como lo tecnológico y lo manual, lo real y la realidad, el interior y el exterior, la ficción y la realidad, la dirección o la repetición en un recorrido visual que se ve continuamente modificado en su trazado por las indicaciones, instrucciones o preguntas que Fernando José plantea en estas láminas.
Por último tres trabajos de vídeo en los que respectivamente se muestran un paisaje glaciar, un internamiento en el corazón de un paisaje vegetal y un paisaje de alta montaña. Estos trabajos están en relación, según lo que se puede leer en el folleto de la exposición en el que hay una entrevista con Fernando José muy recomendable, con su experiencia personal con el Alpinismo, con el concepto de lo obsoleto, trabajado en este caso a través de la idea del Ártico, así como con la relación con la naturaleza en general en contraposición, o no, con la tecnología y los problemas de representación que esto conlleva.
Tras esta toma de contacto con el trabajo de Fernando José la inauguración, en sí, desplegó su protocolo: saludamos a los amigos y a los compañeros, a los conocidos, a los en otro día mentores y a los amigos de los amigos y conocidos, esperamos citas más o menos puntuales, en el Museo, fumamos algunos cigarros en la entrada, al frío, planeamos planes, futuros y tomamos un par de copas de vino. Nos fuimos. Lo que no sabíamos es que de nuevo, de forma totalmente inadvertida, algo de la exposición de Fernando José Pereira se vendría con nosotros el resto de la noche.
Continuamos la noche en Santiago a lo largo del recorrido social habitual en una ciudad pequeña en la que aparentemente nada se passa.
Tuvimos ocasión de saludar al propio Fernando José y de que nos hablara brevemente de su veterano proyecto en la red VIROSE, de conocer tras haber coincidido en varias ocasiones ya a uno de los responsables del Máster de Crítica y Museología de Historia del Arte, en la USC y confesarle que una vez nos preocupamos porque le oímos decir que se declaraba neokantiano, explicarle que habíamos empezado a cuestionarnos nuestro propio cuestionamiento sobre lo neokantiano y que nos explicase con paciencia y afecto el contexto de tal declaración; ocasión también de preguntarle al director del Centro de Arte Contemporáneo de Galicia si había leído nuestros textos, de que nos contestase que no pero que lo haría y nos volviese a preguntar como en otras ocasiones anteriores a quién nos referimos cuando decimos “nosotros”; de que nos invitase a invitarlo a un café, incluso, para discutir sobre las críticas a su política de programación y de conocer, por último, al comisario de la exposición.
Le felicitamos por el trabajo, le confesamos no conocer previamente la propuesta artística de Fernando José y acabamos hablando de nuestra preocupación por la falta de relación e implicación del CGAC con su propio contexto de producción artística (huelga decir que no nos referimos a una cuestión local sino a una determinada infraestructura de producción cultural, específica, en relación y conexión con tantas otras que debiera regir las líneas de trabajo del único centro de arte contemporáneo del entorno) a lo que obtuvimos una respuesta que (juventud y potencia obliga) nos encendió:

_ “es que la producción artística en Galicia es mediocre”. A lo que contestamos:
_ “eso, si te atreves nos lo dices en la calle y si quieres, nos pegamos”

El comisario de la exposición confesó no comprender en nosotros lo que él interpretaba como rencor y nos retó acto seguido, para demostrar la validez de su juicio, a que nombrásemos artistas que se “pudiesen” exponer en el CGAC. Nos da vergüenza confesar, pero lo hacemos, (más miedo que vergüenza nos da el silencio) que en el calor de la exaltación hicimos el ejercicio de empezar a nombrar artistas; al principio y en profundo estado de estupor nos salió uno (el que tenemos más presente por lo potente de su propuesta) y ante la constatación por parte del comisario del hecho de que sólo uno habíamos podido nombrar, empezamos a hacer una lista que no tenía ni tiene ningún sentido, ni ningún principio ni ningún fin. Acougamos; sonreímos; paramos y volvimos a confesar que probablemente no habíamos entendido bien las palabras del comisario y continuamos, entre los amigos, la noche.
Es aquí cuando nos dimos cuenta de que habíamos quedado atrapados en una de las láminas de grafito de Fernando José Pereira, una en la que al pie de una mesa y sus sillas, vacías, puede leerse la frase (creemos recordar): How will you do to leave this fiction? You can’t leave this fiction…
aparentemente nada se passa, pero un comisario local emite un juicio de gusto que esgrime como si fuese criterio suficiente para exhibir el trabajo de unos artistas u otros; que condiciona directamente el campo real de su trabajo de investigación, crítica y comisariado, que supone, además que el Centro de Arte que le contrata y que manifiestamente apoya su trabajo, comparte este tipo de criterio y que desvela en última instancia el profundo, radical y grave desconocimiento que tanto el CGAC (ya que desgraciadamente la política del centro no se diferencia en nada de la política de su personal) como sus agentes independientes tienen del contexto de producción artistica con el que deberían estar trabajando.
Lo que no nos deja de dejar perplejos es la siguiente pregunta ¿Qué tipo de conocimiento permite tener la tranquila soberbia como para ser capaz de juzgar personalmente la producción artística contemporánea de un contexto geopolítico determinado como mediocre?. Lo que nos asusta es ¿Cómo puede vivir en semejante disociación de la realidad el único Centro de Arte Contemporáneo que tenemos en Galicia?: Lo que nos entristece es ¿Cómo hemos llegado a consentir este obsceno culto a la personalidad al que estamos asistiendo últimamente? y lo que ya por último nos acecha sin descanso es la obra de Fernando José Pereira, preguntándonos insistentemente: How will you do to leave this fiction? cuando aparentemente nada se passa, aquí, en el CGAC.

Sapere Aude; Concierto de Carlos Suárez en Baleiro

Hemos ido, también la semana pasada, al concierto que el etnomusicólogo Carlos Suárez dió en el local de Baleiro en la Facultad de Filología en Santiago de Compostela.
Uno de esos instantes detenidos a través de los que se cuela con toda la fuerza intemporal capaz de soportar un cuerpo, un infinito en acto de los que hablaba Ignacio Castro Rey el día anterior a este concierto y a los que hacíamos referencia en el post anterior fue lo que Carlos nos dió esa tarde de humores extraños por culpa de los que llegamos tarde al concierto en el que sólo sonido y una pequeña luz consiguieron darle a la pequeñez de lo físico todo un otro tiempo para expandirse.
Una puesta en acto además, de una multiple variedad de paisajes sonoros en peligro de extinción que durante los últimos quince años, Carlos, ha grabado en Galicia y Venezuela. Paisajes sonoros que desde su propia extinción activan potentes discursos sobre y desde la naturaleza, la biodiversidad, la diversidad cultural, la voz humana y la animal y el conjunto de fuerzas que configuran las ideologías dominantes en tensión, siempre, con otras muchas menos dominantes pero no por ello menos potentes, poderosas.
Nos hizo pensar, Carlos, en cómo un lenguaje tradicionalmente autónomo como el de la música puede tener potencia crítica y política si se relaciona, como él lo hace, en su trabajo con sus propias reglas de construcción interna.
Sí, esas “reglas” internas de las que esta semana pasada, también, hemos aprendido con Jordi Claramonte y su inquietante libro “La república de los fines” que habíamos entendido tan mal cuando filósofos como Kant nos hablaron de ellas respecto a la cuestión del arte y del escabroso genio artístico. Resulta que nos estaban hablando ya de ciertas reglas internas que constituyen (por contener su propio pasado, presente y futuro) el devenir tanto de los objetos como de los sujetos; que en su mayor o menor acomodación a esas reglas ni los objetos ni los sujetos serán modelos que imitan una u otra naturaleza sino tipos que una vez construídos (formados) han de servir, entonces sí, como modelos para otros que trabajen con ellos. Sobre este tema vamos a seguir pensando algunas semanas más, a ver qué (nos) ocurre.
No pudimos seguir como nos gustaría el debate posterior al concierto, por desconocimiento técnico y de código pero disfrutamos de ver disfrutar a los que sí lo manejaban y salimos de esta experiencia algo más autónomos y menos independientes de todo aquello que nos rodea y que a partir de ahora ya no va a dejar de sonar(nos).