aparentemente nada se passa, aquí, en el CGAC

Y para terminar la semana, pasada, el vienes día 25 fuimos a la inauguración de la exposición aparentemente nada se passa (que ya se puede consultar en la Web provisional del CGAC) de Fernando José Pereira, comisariada por Xose Lois Gutiérrez.
Hemos de decir que no conocíamos el trabajo de Fernando José que nos sorprendió y nos gustó mucho (si eso algo importa). Una primera pieza (que se nos pasó inadvertida y que volveremos a ver cuando lleguemos a Santiago de nuevo) es un telescopio colocado en un trípode a la entrada del Centro orientado hacia la pared que baja a la zona de talleres y baños que es donde está ubicada la exposición. Aparentemente nada se passa, pero ahí está.
En esa pared hacia la que mira el telescopio varios dibujos en grafito de gran tamaño que además contienen un complejo trabajo digital previo nos apelan directamente sobre y desde cuestiones como lo tecnológico y lo manual, lo real y la realidad, el interior y el exterior, la ficción y la realidad, la dirección o la repetición en un recorrido visual que se ve continuamente modificado en su trazado por las indicaciones, instrucciones o preguntas que Fernando José plantea en estas láminas.
Por último tres trabajos de vídeo en los que respectivamente se muestran un paisaje glaciar, un internamiento en el corazón de un paisaje vegetal y un paisaje de alta montaña. Estos trabajos están en relación, según lo que se puede leer en el folleto de la exposición en el que hay una entrevista con Fernando José muy recomendable, con su experiencia personal con el Alpinismo, con el concepto de lo obsoleto, trabajado en este caso a través de la idea del Ártico, así como con la relación con la naturaleza en general en contraposición, o no, con la tecnología y los problemas de representación que esto conlleva.
Tras esta toma de contacto con el trabajo de Fernando José la inauguración, en sí, desplegó su protocolo: saludamos a los amigos y a los compañeros, a los conocidos, a los en otro día mentores y a los amigos de los amigos y conocidos, esperamos citas más o menos puntuales, en el Museo, fumamos algunos cigarros en la entrada, al frío, planeamos planes, futuros y tomamos un par de copas de vino. Nos fuimos. Lo que no sabíamos es que de nuevo, de forma totalmente inadvertida, algo de la exposición de Fernando José Pereira se vendría con nosotros el resto de la noche.
Continuamos la noche en Santiago a lo largo del recorrido social habitual en una ciudad pequeña en la que aparentemente nada se passa.
Tuvimos ocasión de saludar al propio Fernando José y de que nos hablara brevemente de su veterano proyecto en la red VIROSE, de conocer tras haber coincidido en varias ocasiones ya a uno de los responsables del Máster de Crítica y Museología de Historia del Arte, en la USC y confesarle que una vez nos preocupamos porque le oímos decir que se declaraba neokantiano, explicarle que habíamos empezado a cuestionarnos nuestro propio cuestionamiento sobre lo neokantiano y que nos explicase con paciencia y afecto el contexto de tal declaración; ocasión también de preguntarle al director del Centro de Arte Contemporáneo de Galicia si había leído nuestros textos, de que nos contestase que no pero que lo haría y nos volviese a preguntar como en otras ocasiones anteriores a quién nos referimos cuando decimos “nosotros”; de que nos invitase a invitarlo a un café, incluso, para discutir sobre las críticas a su política de programación y de conocer, por último, al comisario de la exposición.
Le felicitamos por el trabajo, le confesamos no conocer previamente la propuesta artística de Fernando José y acabamos hablando de nuestra preocupación por la falta de relación e implicación del CGAC con su propio contexto de producción artística (huelga decir que no nos referimos a una cuestión local sino a una determinada infraestructura de producción cultural, específica, en relación y conexión con tantas otras que debiera regir las líneas de trabajo del único centro de arte contemporáneo del entorno) a lo que obtuvimos una respuesta que (juventud y potencia obliga) nos encendió:

_ “es que la producción artística en Galicia es mediocre”. A lo que contestamos:
_ “eso, si te atreves nos lo dices en la calle y si quieres, nos pegamos”

El comisario de la exposición confesó no comprender en nosotros lo que él interpretaba como rencor y nos retó acto seguido, para demostrar la validez de su juicio, a que nombrásemos artistas que se “pudiesen” exponer en el CGAC. Nos da vergüenza confesar, pero lo hacemos, (más miedo que vergüenza nos da el silencio) que en el calor de la exaltación hicimos el ejercicio de empezar a nombrar artistas; al principio y en profundo estado de estupor nos salió uno (el que tenemos más presente por lo potente de su propuesta) y ante la constatación por parte del comisario del hecho de que sólo uno habíamos podido nombrar, empezamos a hacer una lista que no tenía ni tiene ningún sentido, ni ningún principio ni ningún fin. Acougamos; sonreímos; paramos y volvimos a confesar que probablemente no habíamos entendido bien las palabras del comisario y continuamos, entre los amigos, la noche.
Es aquí cuando nos dimos cuenta de que habíamos quedado atrapados en una de las láminas de grafito de Fernando José Pereira, una en la que al pie de una mesa y sus sillas, vacías, puede leerse la frase (creemos recordar): How will you do to leave this fiction? You can’t leave this fiction…
aparentemente nada se passa, pero un comisario local emite un juicio de gusto que esgrime como si fuese criterio suficiente para exhibir el trabajo de unos artistas u otros; que condiciona directamente el campo real de su trabajo de investigación, crítica y comisariado, que supone, además que el Centro de Arte que le contrata y que manifiestamente apoya su trabajo, comparte este tipo de criterio y que desvela en última instancia el profundo, radical y grave desconocimiento que tanto el CGAC (ya que desgraciadamente la política del centro no se diferencia en nada de la política de su personal) como sus agentes independientes tienen del contexto de producción artistica con el que deberían estar trabajando.
Lo que no nos deja de dejar perplejos es la siguiente pregunta ¿Qué tipo de conocimiento permite tener la tranquila soberbia como para ser capaz de juzgar personalmente la producción artística contemporánea de un contexto geopolítico determinado como mediocre?. Lo que nos asusta es ¿Cómo puede vivir en semejante disociación de la realidad el único Centro de Arte Contemporáneo que tenemos en Galicia?: Lo que nos entristece es ¿Cómo hemos llegado a consentir este obsceno culto a la personalidad al que estamos asistiendo últimamente? y lo que ya por último nos acecha sin descanso es la obra de Fernando José Pereira, preguntándonos insistentemente: How will you do to leave this fiction? cuando aparentemente nada se passa, aquí, en el CGAC.

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