Globos, ínfulas y otras super(pr)ioridades. Obras, una exposición de Martin Creed en el MARCO de Vigo

Hemos ido este viernes a la inauguración de la exposición Obras, de Martin Creed en el MARCO de Vigo y llevamos ya dos días y medio haciendo rocambolescos ejercicios de equilibrismo para pasar-por sin quedarnos atrapados-en el tremebundo agujero del que, entre otros, adolecemos aquí, en este contexto; el gran vacío de la recepción (estética y crítica) y esquivar de paso el farragoso engorro de refugiarnos en los lugares más comunes de los tópicos sobre arte y sociedad. Hemos confesado, pues, que tenemos aún brazos, manos y piernas ocupadas en mantener un precario equilibrio por lo que quizás el gesto, en este texto, no sea del todo elegante o estético pero sí en todo caso hemos intentado mantenerlo (t)urgente en relación a la cantidad de líquido a la que trata de dar salida con el fin de que la hinchazón, global, no (nos) llegue al grado de infección.


Un trabajo como el de Martin Creed para el MARCO (que trata de investigar las relaciones entre la forma, el color y el espectador que al igual que la música se dan sobre todo en el aire) hubiera sido una buena y más ajustada (espacial, conceptual y económicamente) oportunidad para continuar la línea de trabajo sobre la relación entre obra de arte y público que el MARCO se ha propuesto abordar en la primera planta del Museo mediante el proyecto ENTRAR NA OBRA (una reflexión sobre la estética de la recepción mediante diferentes trabajos artísticos, en el que hasta ahora han participado Loreto Martínez y Wilfredo Prieto, en el papel de artistas).

Pero en este caso, las ansias o creemos quizás, las ínfulas y super(pr)ioridades varias, generadas por el hecho (mediático) de tener “por primera vez en España” una exposición individual de un premiado Turner han llevado al MARCO a (in)utilizar durante cuatro meses toda la planta baja con la intervención ” Work nº 247. Half the air in a given space”


(Obra nº 497. La mitad del aire en un espacio dado) que llena el espacio de la planta baja del Museo con 25.000 globos (para cada uno de los cuales hay otro de repuesto) de látex azúl celeste realizado con caucho importado de México, con un diámetro de 40,6 cm y un valor económico de 20 céntimos por globo y mostrar en una de las salas de la primera planta (la B1) la pieza “Work No. 189 Thirty-nine metronomes beating time, one at every speed


(Obra nº 189, 39 metrónomos marcando el tiempo, cada uno a su velocidad”), cuyo parecido con una de las obras de la primera exposición del CCCB que vimos, recién llegados a Barcelona en el 2001, no podemos obviar. La exposición era Arte y Tiempo y la obra “Poema sinfónico para 100 metrónomos” de G. Ligeti, 1963.

Entendemos que, el artista y la comisaria, conocen la obra de Ligeti y que simplemente aquí se propone un “ejercicio” diferente (si es que lo es) para un mismo instrumento. En este caso, una “cacofonía creada por la reproducción de las 39 velocidades posibles de un instrumento de precisión como el metrónomo.” Pero esto es sólo una reflexión añadida aquí por nosotros.

Por último, en las paredes de la primera planta: Work No. 197 A–Z (Obra nº 197. A-Z) 25 “papeles” de diferentes temas del grupo musical de Martin Creed “Martin Creed and his band” que tuvimos ocasión de escuchar en la inauguración, compuestos entre 1994 y 1996. La obra en este caso consiste en exhibir como documentos (fotocopiados del original) las partituras de las diferentes composiciones.

Como decíamos, el MARCO ha perdido la oportunidad de continuar su linea de trabajo programando esta intervención de Martin Creed como una más del ciclo ENTRAR NA OBRA, se ha dejado llevar por la espectacularidad y la (des)dimensión y en su hinchazón se ha inflamado, el Museo. Sabemos y no vamos a olvidar que parte de estas cuestiones están condicionadas, también, por la escasez de recursos económicos. Otra distribución de gastos y sobre todo de prioridades nos parecen posibles.

El resultado: una propuesta comisarial de Carolina Grau que, más allá de la buena, correcta y mediática elección del artista (cosa que, dicho sea de paso, generalmente la acompaña, desde Londres) se presenta literal y discursivamente desarticulada e insuficiente, para el espacio (conceptual y físico) que ocupa en el Museo.

A partir de aquí nos parece necesario y urgente diferenciar, sobre todo a raíz de los manidos debates que se han planteado, en Vigo, sobre la superficialidad y pertinencia de un trabajo artístico como este, que:

La primera y más grave superficialidad en tanto que banal es la apuesta decidida y económica del MARCO hoy y aquí por una propuesta comisarial de producción propia como esta: simple, esteticista y de sesgo marcadamente populista (de lo que el más que apoyo mutuo entre el Museo y la clase social a la que mayoritariamente pertenece su Asociación de Amigos – mano de obra en este caso para el hinchado de globos- altamente homogénea y gravemente (des)interesada artísticamente nos puede dar una idea).

Nos negamos aquí a pensar que tanto vosotros que nos leeis como nosotros que nos escribimos no estamos por encima ya de esos otros agujeros sobre los que hay una abultada bibliografía, como son los de defender la simple “participación”, “interacción”, “accesibilidad” o el carácter lúdico del Arte ( al margen de toda la seriedad que requiere el juego para que sea juego como diría Gadamer en su conferencia “El juego del arte” ya en 1975) como argumentos débiles de falsas y peligrosas “democratizaciones” de discursos supuestamente “elitistas” tal y como dicen que pudiera ser el del Arte (para nosotros una herramienta de capacitación estético-político-social) y matizamos que cuando decimos de la clase social a la que mayoritariamente pertenece la Asociación de Amigos del Marco que está gravemente (des)interesada artísticamente, nos referimos al significado etimológico del término inter-esse, atravesado en el ser.

Insistimos pues en el punto de que la banalidad no es la de la obra sino la del modo en el que se nos da, desde el Museo, la relación con ella. Curiosamente además como esta relación no es la comúnmente contemplada requiere de un anexo normativizador, para su (la de la obra y la de usted) seguridad, claro está. A punto de dar un traspié y perder este precario equilibrio en el que nos movemos aparece “La república de los fines” de J.C. se abre en su página 103 y se nos da a leer: “es más: la enseñanza de la Crítica del Juicio de Kant es que no hay tal cosa como un objeto estético sino un modo estético de relación.”

Es en el sentido en el que entendemos el Museo local, es decir, el de un espacio público que ha de velar por los intereses del sector artístico de su contexto (al igual que hacen por ejemplo las cofradías de pescadores o cualesquiera otras entidades, corporaciones u organismos públicos) interviniendo en la construcción y desarrollo de las políticas que le afectan como parte de una sociedad global en la que y con la que se relaciona y no como un espacio privatizado y mediatizado a la consecución de fines ajenos, a saber: cumplir con las medidas estándar de éxito y las ansias de reconocimiento internacional en el sentido más provinciano, infantil, patológico y obsoleto del término, tal y como ya dijera hace poco Manolo Borja Villel y otros tantos profesionales del sector, desde el que nos sentimos legitimados para reclamar ya, responsabilidades por la falta de atención y conocimiento (que no reconocimiento) del contexto real que sufre el MARCO de Vigo y a sentir ya, sí también, violencia en las prácticas y prioridades. Tuvimos miedo a decirlo al sentirlo, pero (re)leímos a aquellos de los que hemos aprendido Crítica y Estética y hemos vuelto a sentir que teníamos razón(es).

Nos gusta, la obra de Martin Creed, sí; si es que eso algo importa,; nos divierte, claro que sí. No se nos pasa por ninguna de las dos cabezas que tenemos entrar a juzgar con criterios morales su pertinencia, ni por asomo. Nos gusta también, si es que eso es relevante, la linea expositiva del MARCO de la que entendemos su calidad y riesgo. Ahora, como miembros de esta familia que nos ha tocado (al margen del trabajo que llevamos haciendo, junto a otros muchos, para convertirla en manada) no tenemos estómago ya, ni pulmón suficiente, para mantener hinchados los 25.000 globos durante cuatro meses y hacer ver que en casa, siempre es fiesta, mientras Papá y Mamá tienen serios problemas, incluso ellos, para pagarse el sueldo. Le hemos cogido respeto, a lo Unheimlich, a lo siniestro escondido debajo de la alfombra; eso que enseña a manejar tan bien, en sus instituciones, la clase social a la que pertenece, mayoritariamente, la Asociación de Amigos del MARCO de Vigo.

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