es más

En relación con el post anterior en el que hemos reconocido sentirnos legitimados ya, para pedir responsabilidades al MARCO de Vigo por la desatención y falta de conocimiento de su contexto real así como para sentir ya, sí también, violencia en las prácticas y prioridades hemos pensado además de quejarnos que:

Como usuarios del centro no conocemos las líneas y políticas expositivas, conceptuales, de investigación y archivo generales que tiene el actual proyecto expositivo del Museo de Arte Contemporáneo de Vigo, si las tiene, ni los fines que en relación a un proyecto de futuro éstas tienen con la comunidad artística, profesional y social a la que están dirigidas.

A pesar de que nos gusta la habitación del Hotel del MARCO, el amor y el lujo y los espejos detrás de las bañeras, si es que eso algo importa, en un momento como el actual no parece una buena medida (en tanto la consideramos una práctica de desnutrición radical) el prescindir durante los próximos dos años del único espacio dedicado a propuestas experimentales de artistas “emergentes” del contexto más próximo como era el espacio Anexo ahora convertido en Hotel sin dedicar otro espacio específico dentro del Museo para este tipo de propuestas.

No entendemos por qué un Museo de arte contemporáneo local como el MARCO no mantiene ninguna relación de trabajo, que sea pública, visible y accesible, mediante servicios bibliotecarios, convocatoria de becas de investigación, convenios, retroalimentación de fondos, elaboración de mapas, cartografías, historiografías y archivos o seminarios específicos con los diferentes espacios y agentes de desarrollo artístico del entorno local tales como los alumnos de la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra, la Escuela de Artes y Oficios de Vigo, los trabajos de investigación del Consello da Cultura Galega, el Máster de Arte, Museología y Crítica de la U.S.C., el Máster de práctica artística de la Universidad de Vigo, la Bienal de Pontevedra, la Feria Espacio Atlántico, las distintas agrupaciones que trabajan en el entorno social mediante la práctica artística relacionada con el activismo político y la investigación y los distintos agentes culturales autónomos así como cualesquiera otros del ámbito nacional e internacional. La respuesta a este tipo de propuestas, que las hay, es siempre la misma o parecida: tras una buena acogida la imposibilidad de apoyarlas por falta de recursos económicos o la incapacidad para programar a la vista de las próximas elecciones.

Si realmente no hay fondos para lo que deberían ser programas públicos, desarrollo de líneas de pensamiento y debate mediante encuentros y seminarios, actividades pedagógicas y de formación especializada, más allá del curso de “aproximación” al arte contemporáneo que actualmente se imparte en el Museo, no comprendemos por qué esta situación, gravemente problemática, no se hace radicalmente visible ni por qué, si esto no fuera posible, no se distribuye la dotación económica existente, sea cual fuere, de manera más equitativa entre las diferentes e igualmente imprescindibles ramas de actividad de un Museo. La diferencia entre unas y otras resulta francamente abusiva.

En relación a lo anterior y al margen de su actividad expositiva como ciudadanos y profesionales de la cultura no hemos recibido, del MARCO, ni una sóla noticia pública, sobre sus pensamientos, su funcionamiento, sus preocupaciones o sus proyectos a medio y largo plazo. ¿Cuál es el problema de relación del MARCO con su cultura de base? Si contase con ella, mediante una convocatoria pública y abierta, a pesar de sus diferencias de posición y posicionamiento, otra articulación sería posible. Otros ejemplos de otros centros nacionales, internacionales y locales lo confirman.

¿De verdad no nos da para más la preparación y formación profesional que tenemos que para pensar que la única salida al recorte presupuestario es recortar la programación y prolongar el tiempo de duración de las exposiciones? y de darnos para más que eso nos preguntamos qué tipo de canales de colaboración profesional e incluso de “captación” de fuerzas tiene previstos, el MARCO.

Si no fuera por el ambiente social que se percibe en las áreas de esparcimiento del Museo, más parecido cada vez a una “tea party” (fiesta de te) que a cualquier otra cosa, acabaríamos pensando que, el MARCO más que un espacio artístico público insitucional es uno de los espacios artísticos más radicalmente independientes y underground de Galicia por su actitud extremadamente punk, absolutamente desapegado de todo cuerpo y futuro que no sea su propio cuerpo y presente.

Un replanteamiento al menos de prioridades, objetivos, finalidades y diseño de dispositivos de intervención en las políticas culturales que nos afectan en tanto comunidad profesional, artística y humana resultan ya, hoy y aquí, imprescindibles, si es que algo nos interesa ocupar esa plaza pública que es el MARCO de la que no dudamos que tiene toda la potencia y recursos necesarios para ser un buen proyecto común.

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