Leccións (e confusións) de cousas. Antón Reixa en el CGAC

Hemos estado el pasado día 17 en la inauguración de la exposición “Leccións de cousas” de Antón Reixa en el CGAC ; tarde, ya que veníamos del recital poético colectivo “Expulsadas do Parnaso” en la Casa das Asociacións, una de las acciones del programa ¿Qué ves cando me ves? al que volveríamos el martes y el miércoles siguiente para participar en las mesas de reflexión sobre creación, gestión, crítica y activismo junto con Encarna Lago, Marta Prieto, La Revista Andaina, Renata Otero, Ana Gesto, Ana Seijo y Sabela Pernas y sobre investigación y universidad al lado de Rita Radl, Aurora Marco y Maria Xosé Agra; pero ese es otro ejercicio crítico en el que trabajar, pronto: un breve análisis de dos mesas redondas sobre feminismos, en Galicia.

Al llegar tarde, a la inauguración, no pudimos asistir a la presentación realizada por el propio Antón Reixa, el Conselleiro de Cultura Roberto Varela y el comisario de la exposición: el director del CGAC.

Hemos visto las fotos y leído las crónicas en la prensa:

Es la primera vez que, quizás por el carácter mediático del protagonista, tenemos la oportunidad de contar con tantas declaraciones personales sobre la exposición lo que nos obliga a comenzar a escribir de otra forma, a mezclar inevitablemente nuestro discurso con el del propio Reixa, el de la Institución artística (CGAC), empresarial (Filmanova) mediática (El Xornal, La Voz de Galicia, El país, El Correo Gallego – todo un ejercicio de repetición y diferencia) y crítica (la única que hemos encontrado, la de Jose Luis Estévez y todas las que no se han escrito); lo que nos plantea no pocos problemas y retos justamente en un momento en el que ante las dudas hemos recordado con Judith Butler y su texto “Qué es la crítica? Un ensayo sobre la virtud de Foucault” y con Hito Steyerl y su “La institución de la crítica” que la apuesta más acuciante, en el ejercicio crítico, es la de instituir práctica, o dicho de otro modo, la de la práctica (crítica) instituyente. Aquella que más que emitir juicios mediante los que subsumir lo percibido como particular en lo establecido como universal busca desde la experiencia del límite epistemológico (aquel con el que se tropieza a la hora de ser lo que se puede ser según la producción normativa del momento y el lugar) un modo ético de subjetivarse, de construirse a sí misma.

No sabiendo muy bien cómo todavía pero sintiendo claro hemos decidido que no vamos a construir un texto sobre un texto que está sin construir.

La presentación del trabajo audiovisual así como de las ocho videoinstalaciones inéditas (realizadas, todas, durante el año 2010) de Antón Reixa en el CGAC como ejemplo de la consistencia de la creatividad individual (aquello que de verdad queda, según las propias palabras del comisario de la muestra y director del Centro, una vez difuminadas con el paso del tiempo las actitudes grupales) sin su componente colectivo ( porque Antón Reixa ha sido durante los más de 30 años de su carrera, siempre, miembro de un grupo: Rompente, Os resentidos, Nación Reixa, Atlántica, guionista de sus creaciones audiovisuales realizadas material y técnicamente por un grupo o equipo, Filmanova, el Clúster audiovisual) y sin un tratamiento de síntoma (que lo es) de una determinada época y contexto geopolítico, adolece de una descontextualización histórica, de una confusión de términos y de una precariedad material artística tal que lo sitúa a uno como espectador, partícipe, conocedor, crítico o compañero profesional de esos grupos, épocas, lenguajes y prácticas en un lugar muy incómodo en su propia casa. Una desagradable sensación que hubiéramos aceptado tranquilamente si fuese ese el propósito del proyecto. Todas las declaraciones del autor van en dirección contraria. No vamos pues tampoco a imponer una lectura material de la exposición que vaya en contra del voluntarismo autorial y comisarial.

Nos referimos en todo momento a la presentación del trabajo de Antón Reixa, es decir, a la lectura comisarial, si la hay. En ningún momento hemos pretendido juzgar las decisiones creadoras de Antón Reixa, nos negamos tanto a hacerlo como a considerarlo el tipo de “artista” que se (nos) presenta en el CGAC. Lo ha dicho el propio Antón Reixa, él no se considera una artista plástico o visual ya que estos tienen habilidades de las que él carece, sino que es un poeta. El propio comisario de la exposición se refiere a él como uno de los actores culturales más importante de la contemporaneidad y un poeta destacado cuyas intervenciones en el audiovisual han tenido una importante repercusión nacional.

Al margen de que ni lo primero ni lo último nos parece cierto, no (nos) parece la mejor manera ni el mejor lugar para presentar el trabajo de un poeta multidisciplinar (popularmente conocido como polifacético) ni la relevancia de uno de los actores culturales más importantes de la contemporaneidad ni tan siquiera la importancia nacional de sus tres intervenciones audiovisuales durante los años ochenta (al margen de los vídeoclips de su grupo), un dispositivo expositivo clásico que consiste en la exhibición aislada de su motivo conceptual: las publicaciones de “Lecciones de cosas”, una revisión aislada de la producción videográfica del autor de los años ochenta y la exhibición aislada de ocho piezas acompañadas de un objeto cada una de ellas, (un panel de dibujos del autor, una lavadora y un par de botas embarradas, una televisión envuelta en film, un ladrillo pintado de dorado con bisutería pegada en una vitrina, una obra de Francisco Leiro, un tobogán plástico y un columpio y un pie de micrófono con micrófono) para cumplir, en palabras del autor “los presupuestos mínimos de la videoinstalación clásica” que resultan de una precariedad conceptual, estética, técnica y material grave (a excepción de las piezas A solución Bukowski ou o Barbeiro de Sadam e Aleluiapedia/ Aleluia) por no intencionada y poco seria en el humor, en un Centro como el CGAC.

Sabemos que no hemos hablado de las piezas, no queremos. No vamos a fabricar discurso para lo que no lo tiene y francamente, no sabemos como afrontar una crítica de una exposición de “artista” consistente en una serie de piezas aleatorias tratadas como obras auráticas en el sentido más clásico, producidas expresamente para la exposición en el último año tras un parón creativo de doce años en los que claramente no ha habido un desarrollo material del lenguaje que se presenta, el audiovisual, es decir, que no ha habido trabajo, realizadas por un personaje popular de la cultura gallega totalmente privado de todo el contexto (grupal) que le da coherencia y del que se podía haber hecho un análisis y una lectura necesaria e importante hoy aquí para la comprensión de nuestro propio imaginario televisivo y audiovisual en relación, como complemento que es, con la exposición con la que conecta espacialmente: ¿Estades listos para a televisión? de Chus Martínez en vez de este ejercicio de culto a la personalidad.

La seriedad divertida, la generosidad en el acompañamiento, las soluciones de escenografía y la calidad material y estética del trabajo del equipo de montaje del CGAC es impecable, si es que eso algo importa.

Finalmente éste ha sido el único significado real que le hemos encontrado a la exposición de Antón Reixa así hecha, en este espacio cultural y en este momento histórico:

Una concentración (léase acumulación) física y simbólica de poder.

Afortunadamente fuera de todo este tinglado personalista segue a facer un sol de carallo, aún común.

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