Es más

Hemos vuelto, a la exposición “Leccións de cousas” de Antón Reixa en el CGAC. Nos hemos sentado en el Auditorio, vacío, y hemos visto, con calma, asumiendo nuestro nuevo devenir-vaca ya que “resulta que la crítica es una práctica que requiere una cierta cantidad de paciencia, al igual que la lectura, de acuerdo con Nietzsche, requiere que actuemos un poco más como vacas que como humanos, aprendiendo el arte del lento rumiar.” (J. Butler) y hemos vuelto a sentir con claridad, solos y en soledad, que (se) ha perdido una gran oportunidad, el CGAC (el autor ya lo hizo en su día), de hacer una lectura artísitca, social, histórica, política, afectiva y estética de un trabajo de creación audiovisual que supone una radical visión popular de nuestro imaginario colectivo y que hubiera sido material suficiente para un interesante dispositivo expositivo.

Los trabajos de videocreación de A. Reixa de cuando hacía videocreación, desde hace casi treinta años y hasta hace algo más de quince son de una potencia estética, iconográfica, irónica, poética y política radical que nada tiene que ver con el retorno nostálgico y descontextualizado al ejercicio de creación que ha pretendido en las ocho piezas inéditas de la exposición a excepción de “A solución Bukowski ou o barbeiro de Sadam” que (nos) parece la única continuación de aquel trabajo poético-performático-audiovisual de entonces. El resto, sicut palea, citando a Santo Tomás.

Sentados en el Auditorio del CGAC, solos y en soledad, nos hemos dado cuenta también de que la propuesta expositiva entendida como muestra de un trabajo de creación individualizado y personalista no deja de contribuir a y simbolizar el abandono en el que como grupo, comunidad artística, afectiva y profesional han dejado ciertas lecturas públicas y sus historiografías privadas a nuestra memoria colectiva y a la radical potencia estética de su (entre otros) espíritu. Espíritu en el sentido que hace poco hemos aprendido con la lectura de Gerard Vilar y su “Desartización. Paradojas del arte sin fin” en el que lo utilizaba el amigo Hegel:

“Hegel llama espíritu al desarrollo de la cultura humana que hoy nos da el ser a todos y a cada uno de los individuos dotados de subjetividad y sin el cual nada seríamos. Por supuesto, el espíritu sólo vive a través de los individuos que conocen, actúan, gozan y crean en interacción con los demás individuos. Por eso afirma Hegel no sólo que el yo es un nosotros, sino también que el nosotros es el yo” (p.52)

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